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martes, 20 de diciembre de 2016

La muerte de Pocho Lepratti: el principio del fin de la Alianza… @dealgunamanera...

La muerte de Pocho Lepratti: el principio del fin de la Alianza… 

Celeste. La vida de la hermana de la víctima tiene bastante en común con la de muchos familiares de desaparecidos en la dictadura. La lucha permanente por la justicia. Foto: Cedoc Perfil

En el fin del gobierno de De la Rúa, el crimen del militante de izquierda inició una escalada de violencia en todo el país. ¿Cómo siguió la vida de sus familiares y qué pasó con los victimarios?

© Escrito por Federico Frau Barros el domingo 18/12/2016 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Mañana, 19 de diciembre, se cumplen 15 años del crimen de Pocho Lepratti, militante popular asesinado por la policía rosarina en la represión del 19 y 20 de diciembre de 2001

“Cristiano revolucionario”, como él mismo se definía, Pocho cruzaba todos los días la ciudad de Rosario en bicicleta, desde el barrio Ludueña, donde vivía y sembraba amor a pibes en situación de vulnerabilidad, hacia Las Flores, el barrio en el que está la escuela donde trabajaba como ayudante de cocina. Fue justamente trabajando y sirviendo a los demás que lo mataron cuando, en uno de esos días revueltos y feroces que atravesaba nuestro país a fines de 2001, un patrullero llegó a la zona de la escuela donde él trabajaba con la decisión de reprimir. El subió al techo de la institución junto con un profesor de matemáticas y dos compañeras del comedor y les pidió a los policías que no dispararan, que adentro no había más que pibes comiendo. Fue en ese momento, entre gritos y puteadas, que recibió un disparo y una bala de plomo le perforó la tráquea dejándolo sin vida.

Intentaron callarlo, creyeron que llenándole la garganta de plomo su grito ya no se escucharía por las calles de Rosario. Pensaron que matándolo quizá su figura ya no tendría el efecto transformador en la realidad de los barrios de la ciudad. Pero se equivocaron, ese día, sin quererlo, crearon un mártir, y su espíritu noble y su compromiso de lucha se esparcieron por toda la ciudad como una epidemia de hormigas.

Santa Fe fue la provincia con el número más alto de víctimas fatales en relación con la cantidad de habitantes en la represión del 19 y 20 de diciembre de 2001. Fueron nueve muertos en la provincia, siete de ellos asesinados por la policía. Sólo hubo dos policías condenados, uno de ellos Esteban Velázquez, el hombre que disparó la bala que terminó con la vida de Pocho. 

Fue condenado a 14 años de prisión, pena que no cumplió en la cárcel de manera completa. Hoy tiene un puesto de hamburguesas en Arroyo Seco, en las afueras de Rosario. Es militante del Pro en Arroyo Seco, trabajó en la última campaña electoral y fue fiscal del Pro en las elecciones pasadas.

El caso de Lepratti fue el único de todos los crímenes sucedidos en esas trágicas jornadas de diciembre en el que se abrió una causa para investigar el encubrimiento policial. Por más que se investigó a menos policías de los involucrados, se logró condenar a cinco de once: Roberto de la Torre, Rubén Darío Pérez, Marcelo Fabián Arrúa, Carlos Alberto de Souza y Daniel Horacio Braza (fallecido en 2011). Sin embargo, unos años después, la Cámara Penal los sobreseyó entendiendo que no había pruebas suficientes.

En 2015, la Corte Suprema de la provincia revocó el fallo de la Cámara Penal y ratificó el del juez Julio César García, dejando firmes las condenas de estos policías, que finalmente no las cumplieron en prisión. Una vez más, los de más arriba no sufrieron consecuencias; el comisario José Manuel Maldonado, por entonces titular de la División Judiciales, señalado como el principal responsable del encubrimiento, no fue ni siquiera llamado a declarar. El fue el que firmó la documentación adulterada sobre la causa que luego se elevó a la Justicia.

Familiares

La semana pasada, durante los días 9 y 10 de diciembre, se realizó en Rosario el tercer encuentro nacional de familiares de víctimas y heridos en diciembre de 2001 de distintos lugares del país, donde acordaron ir en búsqueda de la elevación de las causas a un fuero internacional para que se juzgue a quienes consideran los responsables políticos, con Carlos Reutemann, gobernador de Santa Fe en 2001, y Fernando de la Rúa, presidente de la Nación, a la cabeza. Allí estuvo la madre de Pocho, Dalis Bel.

“Pasaron 15 años y el dolor es siempre igual. Desde que pasó hasta que yo deje de existir va a ser igual, nada va a cambiar. Igual es lindo encontrarse, escuchar cómo viven y qué sienten otros familiares, eso ayuda. A veces me despierto de noche y me parece que no pasó nada, creo que es un sueño. Todos los días me acuerdo de él. Tiene once sobrinos y no pudo conocer a ninguno”, dijo con la voz quebrada al ser entrevistada por radio La Hormiga, que funciona en la Biblioteca Popular Pocho Lepratti en Rosario.

“Más allá de que entendemos que no habría condenas para los responsables políticos en un fuero internacional, sí marcaría un precedente y puede haber una sanción para los gobiernos”, explica Celeste Lepratti, hermana de Pocho. A Celeste también se le agrieta la voz cuando recuerda a su hermano. “A veces las preguntas más simples son las más difíciles de responder”, dice Celeste cuando las preguntas van más por el lado de la relación con su hermano y no por el de la causa, las exigencias o los homenajes.

Huellas.

Celeste se fue a vivir a Rosario en 2005, al año siguiente de que su padre, Orlando Lepratti, falleciera luego de un paro cardíaco horas después de haber regresado de Rosario del acto por el tercer aniversario de la muerte de su hijo. En un principio fue Orlando quien tomó las banderas de justicia por Pocho, pero una vez que murió, Celeste se hizo cargo de un reclamo que sigue en pie hasta el día de hoy. Actualmente Celeste, además de docente en escuelas secundarias, es concejala de Rosario por el Frente Social y Popular y presidenta de la comisión de derechos humanos del Concejo Municipal de Rosario.

“El asesinato de Pocho nos cambió la vida a muchos. A partir de ese momento fuimos tomando decisiones. Algunas tuvieron que ver con involucrarnos, sumarnos al camino de justicia, memoria y búsqueda de la verdad. Pocho nos dejó una invitación”, explica Celeste.

El día del asesinato de Pocho, sonó el teléfono en la casa de la familia Lepratti en Concepción del Uruguay, Entre Ríos. Llamaban de la escuela donde trabajaba Pocho para darles la peor noticia.

Unos minutos más tarde, prendieron la televisión y Jorge Lanata contaba en su programa quién era Pocho Lepratti, uno de los muertos en Rosario.

Quién era.

Claudio “Pocho” Lepratti fue asesinado en la Escuela Nº 756 José M. Serrano, en el Barrio Las Flores, donde trabajaba como ayudante de cocina. Nació en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, el 27 de febrero de 1966. Era el mayor de seis hermanos. Hizo la primaria en la Escuela Nº 30 de Concepción del Uruguay y la secundaria en el Colegio Santa Teresita, perteneciente a la orden salesiana. Con los años siguió vinculado con los salesianos, y una vez que abandonó la carrera de Derecho que estudiaba en la Universidad Nacional del Litoral, entró al Seminario Ceferino Namuncurá de Funes, Santa Fe.

Fue cuando abandonó el seminario que llegó a Rosario. Allí se asentó en el barrio de Ludueña para dar clases de Teología en la escuela del padre Edgardo Montaldo y coordinar talleres para niños. “Pocho consagró su vida a chicos que corrían el peligro de perder sus sueños”, dijo el padre Edgardo Montaldo en Sueños alados, un documental sobre la obra de Pocho Lepratti en el barrio Ludueña.

En Ludueña, Pocho realizaba distintas actividades por y con los pibes del barrio. Armó la revista El ángel de lata y formó varios grupos de jóvenes como La Vagancia, el primero de todos y el más recordado. “La Vagancia era un grupo de jóvenes que nos juntábamos para hacer cosas porque no había actividades ni propuestas para los adolescentes y los jóvenes en la villa. Entonces nos empezamos a juntar, primero para ir a algún campamento, para ir a La Florida los domingos, hacer tortas fritas, tomar mate y charlar”, explicó Pocho en un documental sobre el colectivo que él mismo encargó y, hace unos pocos años, sus realizadores lo digitalizaron y lo subieron a internet.

Nosotros.

“El ‘nosotros’ de Pocho era un nosotros mucho pero mucho más grande que el que podamos pensar y recorrer en auto o en tren. Era un nosotros como de doscientos idiomas, mil religiones, y millones de fiestas de cumpleaños y pesebres”, escribió Gustavo Martínez, amigo y compañero de militancia en ATE , en el prólogo del libro ¡Pocho Vive!

“Hay que pasar el invierno, el invierno eterno no existe. Si despertamos, se va. Podemos y debemos construir la primavera”, solía gritar Pocho desde su bicicleta. Le dispararon en la garganta para intentar callarlo, pero no pudieron borrar el camino que dejó marcado con sus huellas por las calles de Rosario. No hay dudas de que el invierno eterno no existe, la primavera llegará y ojalá venga acompañada de justicia por Pocho y todos los asesinados y asesinadas en diciembre de 2001.




sábado, 7 de marzo de 2015

Binner, el que molestaba a todos… De Alguna Manera...

Binner, el que molestaba a todos…


Probablemente viva un momento de profunda frustración. Quizás se le haya desvanecido el sueño de devolverle institucionalidad a la Argentina. Hermes Binner bajó su candidatura presidencial, pero deja una estela difícil de borrar. Una enorme huella, en un país dónde es muy difícil dejarlas. En un país donde arrecia el oportunismo y la falta de identidad ideológica.

La noticia no sorprendió casi a nadie. Era de esperar, en cualquier momento, que Hermes Binner anunciara la caída de su candidatura. Con la excepción del GEN y Libres del Sur; el FAP-UNEN fue desguazado por los oportunistas y especuladores. Aquella foto de los radicales comprometidos con un espacio socialdemócrata, se volvió borrosa. Nadie respetó su palabra. Salvo él, Margarita Stolbizer y algunos pocos más. Los demás corrieron hacia donde les convenía. No al país, sino a ellos.

¿Era imposible un acuerdo de Centro-Izquierda? Era difícil. Entre dos fuegos, el de un gobierno que dice sostener las mismas banderas sociales y los sectores conservadores que se encargaron de dinamitarlo, es muy difícil. Al menos en el corto plazo. Mientras dure esta inconsistencia general. Mientras los dirigentes piensen en sus destinos particulares antes que en el destino del país.

¿Podía Binner sumarse a la carroza del “Gran acuerdo nacional”, que ahora pregonan cual “Lilitos”, la UCR y con el que coqueteó hasta el mismísimo Pino Solanas? Podía, pero hubiera dejado jirones de un compromiso que lo caracteriza desde hace décadas y que le permitió a Rosario y luego a la provincia de  Santa Fe, tener los primeros gobiernos socialistas de la historia.

Binner fue literalmente ninguneado por la prensa nacional y en su defecto, destrozado por los “analistas”. Su figura, con todas las debilidades que le quepan, molesta: Molesta al discurso K, porque “confunde”, y molesta al proyecto conservador de Mauricio Macri, Clarin y cia, porque “divide”.

La balas no solamente estaban hiriendo su figura y su candidatura. No. Las balas empezaron a dinamitar la construcción progresista santafesina, que en el último año sufrió, amén de sus propios errores, operaciones de la SIDE intentando vincular a familiares de Binner  con delitos espantosos como el robo de Bebes, pasando por una inescrupulosa selección e imputación selectiva de los problemas de inseguridad y narcotráfico a su ciudad y a su provincia.

Desde hace dos años, la provincia de Santa Fe y su gestión afrontan ataques desmesurados. Por izquierda y por derecha. El ejemplo más claro ocurrió esta semana en la capital provincial:  Podian elegir cualquiera de las provincias víctimas de las lluvias y las inundaciones. Podian ocuparse de Córdoba, en cuyo drama quedaron al menos diez vidas en el camino, o Tucumán que tiene pueblos aislados, o Santiago del Estero, que soporta además de la peor pobreza, una creciente de los ríos que compromete seriamente a buena parte de la población. 

Pero no. Eligieron Santa Fe. Una ciudad en la que efectivamente hay problemas, pero que son apenas un 10 % de los que supo tener en tiempos de gobiernos conservadores. Porque se hicieron obras. Porque se invirtió. Sin embargo, las cámaras nacionales ( las de TN respondiendo a los intereses de Macri, las de C5N respondiendo a las necesidades gubernamentales) eligieron Santa Fe y atacar a la gestión, sin reparar en las diferencias sustanciales entre aquellas inundaciones y esta.

Del mismo modo eligen Rosario para contar muertos, sin hablar del tendal de victimas diarias que deja la violencia y el narcotráfico en CABA y el  Gran Buenos Aires, sin dar números de muertos en las provincias del noroeste,  donde mueren a diario personas a causa de la violencia y del abandono de los gobiernos feudales.

Los diarios y los canales de noticias nacionales eligen Santa Fe cuando se trata de hablar de narcotráfico. Pero eluden hablar de la cantidad de policías detenidos y procesados por el tema en la provincia, eluden mencionar (y a Berni me remito) que los Jefes de los principales grupos Narcos mexicanos y colombianos, se alojan en las “seguras” tierras de Sergio Massa, o  que las oficinas de las “Empresas fantasmas” con las que se ocultan y blanquean los dineros del negocio narco, atienden en las cómodas y refrigeradas oficinas de Puerto Madero.

No hay un solo titular nacional que hable sobre la inversión pública en Educación en Santa Fe. Nadie dijo que la provincia hizo la mejor oferta salarial de la Argentina, nadie habla de la salud pública santafesina, del Plan Abre, de los 4 mil pibes que volvieron a estudiar buscados casa por casa por Asistentes Sociales, ningún programa especial habla de la calidad institucional de la Provincia, donde se gobierna con Cámaras opositoras, dónde no hay rastros de ninguna clase de avance sobre la independencia de los poderes. Nadie habla de los siete años sin denuncias de corrupción. Y si las hubo, que sus protagonistas ya no ocupan los cargos. Que nadie los ocultó ni los protegió de la actuación judicial.

Y habrá que decirlo sin vueltas: lo hacen porque gobierna Bonfatti, porque gobierna el Frente Progresista, porque no son funcionales a ninguno de los dos grupos gruesos que se disputan el poder en el país, y el emblema de esa construcción incómoda, se llama Hermes Binner.

Es probable que ayer hayan sonado algunas bocinas de felicidad en ciertos despachos. Las tapas de los diarios oficialistas celebran la decisión de Binner y aprovechan para burlarse en los chistes de tapa. La radio opositora por naturaleza también descorchó con chistes el anuncio. Un gangoso periodista intentó explicar en su confusa diatriba que el país, se había sacado un obstáculo de encima.

En eso coinciden los dos grupos y esa debería ser la regla para medir la importancia que tenía en la Argentina la construcción de una alternativa que no respondiera ni al esquema populista del saqueo y la discrecionalidad Kirchnerista; ni al retorno de las viejas prácticas conservadoras que sólo vienen por el ajuste y la profundización de las diferencias sociales.

En el medio existe algo, que representa a una gran parte de los argentinos, pero que por ahora, no está en condiciones de ser fortalecida. No porque no se crea en ello, sino porque no les conviene a los que se disputan la parte grande de la torta.

Allí van los radicales ofreciéndose al mejor postor. Diluyendo lo poco que les queda de historia y dignidad, abrazándose a quien les ofrezca más cargos en los futuros gabinetes. Da lo mismo si Macri o Massa. Lo importante son los empleos.

Allí van Lilita y sus delirios, creyendo que con los viejos cómplices del vaciamiento Menemista, con criminales inundadores como Carlos Reutemann o con payasos ignorantes de la gestión como Torres del Sel, serán capaces de construir “una nación decente”.

Enfrente, sólo queda la alternativa que hace muchos años empezó a construir Hermes Binner en la provincia de Santa Fe. Y Hermes, una vez más, bajará a defenderla. Con o sin candidaturas. Poniéndole el cuerpo a los que ya anunciaron su deseo de retorno al poder: Los que dejaron a la provincia sin banco, los que fusilaron a Pocho Lepratti en diciembre de 2001, los que saquearon al estado. Los que se jactan de no haber emitido cuasimonedas, mientras sembraron los peores indicadores de pobreza y desocupación que jamás haya tenido la provincia de Santa Fe. Los que les dieron a la educación los más bajos presupuestos que se recuerden. Los que fortalecieron al sistema privado de salud, destrozando a los hospitales públicos. Los que prefirieron “ahorrar” para que las cuentas les cerraran a pedido de los organismos internacionales, mientras dejaban defensas hídricas sin hacer, para que luego se inundaran 130 mil santafesinos, murieran más de 100, y muchos miles jamás hayan vuelto a dormir en paz.

Esas son las razones que lo obligaron a Binner a desistir de su intento.

Quizás en los próximos años sea posible. Mientras tanto, habrá que defender lo que queda en pie. Insistir con que se puede tener coincidencias  y diferencias con el gobierno nacional, sin ser cómplices de sus delitos, ni enemigos de los planes progresistas. Y para que entiendan aquellos que se empecinan en acusar a Hermes Binner de ser “blando” y “débil”, que la “derecha”, como gustan decir sin matices, se encargó de sacarlo de la cancha.

Que no sea en vano. Como nada de lo que Hermes Binner supo construir a lo largo de las últimas dos décadas.

© Escrito por Coni Cherep el sábado 07/03/2015 y publicado por http://notife.com de la Ciudad de Santa Fe de la Veracruz, Provincia de Santa Fe, República Argentina.