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domingo, 23 de julio de 2017

Encuestas y realidad… @dealgunamanera...

Encuestas y realidad…

¡De Números, ni hablar! Jaime Duran Barba. Dibujo: Pablo Temes

Los sondeos le dan valor de realidad al futuro. Así lo entienden Macri e intendentes que van con CFK.

© Escrito por Nelson Castro el sábado 22/07/2017 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Hay que pasar el invierno. El frío finalmente llegó con toda su crudeza, y en plena campaña, las cosas se complican para el Gobierno. Y ahí surgen las disputas internas entre los que se sienten cerca de la gente y los que ven la vida desde un escritorio o un despacho. Para estos últimos, no hay lugar para la sensibilidad. Vaya como ejemplo esta anécdota.

En la provincia de Buenos Aires, el intendente de General Madariaga, Carlos Santoro (Cambiemos), presentó un recurso de amparo para socorrer a los vecinos que estaban angustiados por la llegada de las facturas de gas que, en algunos casos, superaron largamente los 5 mil pesos. La intención del jefe municipal fue frenar los aumentos, considerando que el año pasado junto a su par de Villa Gesell habían elevado un pedido para que esas localidades fueran incluidas –al igual que sus vecinas Mar del Plata y Mar Chiquita– en la categoría de “zona fría”. Esta es una categoría que resulta en importantes beneficios para sus habitantes. La respuesta había sido negativa. A mediados de marzo de este año el jefe comunal insistió con esa solicitud que, al no tener respuesta positiva, desembocó en el amparo presentado hace diez días.

Reto. 

El color político de Santoro le valió un reto del propio ministro Juan José Aranguren, quien lo llamó y le preguntó qué era lo que estaba haciendo, para luego ordenarle que si no podía levantar el amparo le enviara lo presentado para su análisis a fin de estudiar el caso. La intención era evitar el efecto contagio ante la eventualidad de que la Justicia le diera la razón, hecho que generaría un nuevo problema que, en lo posible, sería mejor solucionar puertas adentro del paraguas partidario.

Esta es una parte de la realidad que no trasciende pero que mantiene en alerta a María Eugenia Vidal. Es que –a los ojos de la gobernadora– ante el afán de mantener la casa en orden hay funcionarios que pierden de vista el objetivo de máxima, que es estar cerca de la gente. La mujer fuerte de Cambiemos lucha para que no se pierda el costado social de la gestión por más que la planilla de Excel muestre los números en rojo. En campaña no se puede cometer esos errores.

La campaña de Cambiemos –ante la falta de resultados positivos en materia de economía– seguirá ligada a la confrontación con el pasado, la apelación a la lucha contra la corrupción y la necesidad de profundizar el cambio. Como le pasa a cualquier gobierno, el actual es rehén de la realidad. Y el presente abunda en datos y vivencias que reflejan una situación socioeconómica muy difícil para muchos.

El 33% del índice de pobreza es algo que se palpa en la calleLa vivencia que están teniendo los principales candidatos de Cambiemos en la tercera sección electoral –que es la que define la elección–los está impactando. El nivel de marginalidad es brutal. Allí no se vive sino que, en muchísimos casos, se sobrevive. Por eso, el propio Duran Barba sugirió que se dejen los temas de la economía de lado. Salvo en boca de expertos. Al parecer, más allá del lanzamiento de créditos blandos y el asistencialismo, agregado a la lucha por el control de la inflación, no habrá grandes novedades para los más necesitados. Cada maestro con su librito, y el oficialismo, con el mismo desde hace un largo tiempo.

En la vereda de enfrente también existen los cautivos de la realidad. Pero muy lejos del síndrome de Estocolmo, los rehenes de CFK comienzan a hablar por lo bajo: “No podíamos suicidarnos detrás de un nuevo proyecto de peronismo con los números de las encuestas indicando que en el Conurbano profundo y no tan profundo el clamor por CFK todavía es alto. Queremos un mandato en paz”, se escuchó decir al colaborador de un intendente que no está feliz por apoyar a la ex presidenta pero que prefiere tragarse el sapo. “Ella sigue igual que siempre, pero optamos por acompañar un resultado que parece puesto. Hay que tomarlo como mal menor. 

Los que realmente la quieren se cuentan con los dedos de una mano”, dijo otro funcionario municipal que recuerda muy bien alguna de las barbaridades que decía Martín Insaurralde sobre Cristina en reuniones del grupo Esmeralda, antes de cambiarse de bando. ¿“Alguien piensa que cambió de opinión? ¡No! eligió con las encuestas en la mano”, vociferó un economista que conoce las internas de ambos espacios. “El problema es que, más allá de la inquietud por la gestión, los intendentes son muy mezquinos. Nadie la quiere pero todos se tapan la nariz y acompañan”, concluyó.

Luego de un optimismo infundado que inexplicablemente imperó en despachos gubernamentales, el baño de realidad les va llegando a todos. La mayoría de las encuestas que se analizan en la Rosada generan preocupación. La ex presidenta está ganando. El primero en tener noción de esto es Macri. El Presidente ya comprendió que la suerte de su gobierno se juega ya en las PASO. Si el Gobierno pierde por más de 5 puntos, las posibilidades de un triunfo en octubre serán muy difíciles. Lo que está en juego, además, es la gobernabilidad.

Indicios. 

Lo que está pasando con el dólar en estos días es un indicio de lo que va a suceder si Cristina Fernández de Kirchner gana. Si hasta aquí –con todas las expresiones de entusiasmo que recibió– la lluvia de inversiones de la que tantas veces habló Macri nunca llegó, es un hecho que nunca vendrá si el Gobierno pierde. Y esto no es producto de un ejercicio deductivo, sino una información que el jefe de Estado ya conoce. Ha transcurrido casi la mitad de su mandato y la economía no arranca. Va a ser muy difícil que lo haga si no se atacan aspectos estructurales claves. Uno de ellos es el enorme déficit fiscal. Para lograrlo habrá necesidad de buscar acuerdos políticos que serán de cuasi imposible logro con una CFK triunfadora. 

Porque una cosa es cierta: de ganar, al otro día habrá de comenzar su campaña por la vuelta a la presidencia en 2019, una obsesión fogoneada por una sed de revancha incontenible.

Producción periodística: Santiago Serra.